Desconozco los motivos que le llevaron a manifestar ciertas incongruencias en mi photoblog, que dicho sea de paso ignoró por completo. Cuando tengo visitantes en mi página lo menos que puedo esperar es que comenten sobre el contenido que expongo, pero… bueno… reconozco el poderoso ardor de las conquistas amorosas frustradas.
Supongo que ahora me veo obligado a corresponder su confesión personal con una propia, mmm… veamos…
Recuerdo con nostalgia a una joven compañera en mis años de estudiante, era la chica más bella de la facultad, pero finalmente, al igual que usted, fui abruptamente bateado. Sólo que ahora me es posible contemplar la verdad desde otra perspectiva: era la chamuquita; aquel absurdo personaje del viejo continente que siempre me encuentro cuando deambulo por las concurridas calles de la condechi, alta, morena, simpática, siempre con una vacía sonrisa dibujada en su rostro particularmente marcado con el signo "chanel", se sentía poeta la pobre. Pude percibir su penetrante y vomitivo aroma desde 5 cuadras antes. Miré con cuidado y noté que una cierta pesadez le impedía levantarse, no me lo explicaba, parecía un sentimiento de seguridad ante cualquier imprevisto, la visión de un lecho que le ha sido preparado y le pertenece. Sin embargo, una intranquilidad que le expulsaba del lecho le impedía seguir yaciendo con sosiego. Mientras tanto, en la micro de enfrente, un pasajero escuálido (lo que se denomina un suspiro de monja) come con tragos rápidos jamón, pan y dos salchichas, a las que quita cuidadosamente la piel transparente con el cuchillo, hasta que finalmente arroja todos los restos y el papel debajo del asiento. Durante la comida ha leído hasta el fin dos periódicos de la tarde, siempre dirigido hacia mí, en esa innecesaria, pero para mí tan simpática, presteza impaciente, aunque en este caso se tratase de una imitación sin éxito. Orejas abiertas. Una nariz relativamente ancha. Se restriega el pelo y el rostro con las manos grasientas sin ensuciarse, lo que yo no puedo hacer. Porque verá usted señor Duplancher, muchas veces no soy más que un virus que es mejor mantener contenido dentro de las páginas de su propio blog, aun no se ha descubierto una vacuna que libre a otros blogs de mi dañina presencia. Sólo recuerde, usted vino a mi, usted me invocó. Lo demoníaco adopta a veces la apariencia del bien o incluso lo llega a incorporar por completo. Naturalmente sucumbiré si permanece oculto para mí, pues ese bien es mucho más tentador que el verdadero. ¿Qué ocurre, sin embargo, si no permanece oculto para mí? Usted ha despertado al perro vengativo que castiga sin piedad a los tinacos vestidos de blanco.
3 Comments:
Señor Duplancher:
Desconozco los motivos que le llevaron a manifestar ciertas incongruencias en mi photoblog, que dicho sea de paso ignoró por completo. Cuando tengo visitantes en mi página lo menos que puedo esperar es que comenten sobre el contenido que expongo, pero… bueno… reconozco el poderoso ardor de las conquistas amorosas frustradas.
Supongo que ahora me veo obligado a corresponder su confesión personal con una propia, mmm… veamos…
Recuerdo con nostalgia a una joven compañera en mis años de estudiante, era la chica más bella de la facultad, pero finalmente, al igual que usted, fui abruptamente bateado. Sólo que ahora me es posible contemplar la verdad desde otra perspectiva: era la chamuquita; aquel absurdo personaje del viejo continente que siempre me encuentro cuando deambulo por las concurridas calles de la condechi, alta, morena, simpática, siempre con una vacía sonrisa dibujada en su rostro particularmente marcado con el signo "chanel", se sentía poeta la pobre. Pude percibir su penetrante y vomitivo aroma desde 5 cuadras antes. Miré con cuidado y noté que una cierta pesadez le impedía levantarse, no me lo explicaba, parecía un sentimiento de seguridad ante cualquier imprevisto, la visión de un lecho que le ha sido preparado y le pertenece. Sin embargo, una intranquilidad que le expulsaba del lecho le impedía seguir yaciendo con sosiego. Mientras tanto, en la micro de enfrente, un pasajero escuálido (lo que se denomina un suspiro de monja) come con tragos rápidos jamón, pan y dos salchichas, a las que quita cuidadosamente la piel transparente con el cuchillo, hasta que finalmente arroja todos los restos y el papel debajo del asiento. Durante la comida ha leído hasta el fin dos periódicos de la tarde, siempre dirigido hacia mí, en esa innecesaria, pero para mí tan simpática, presteza impaciente, aunque en este caso se tratase de una imitación sin éxito. Orejas abiertas. Una nariz relativamente ancha. Se restriega el pelo y el rostro con las manos grasientas sin ensuciarse, lo que yo no puedo hacer. Porque verá usted señor Duplancher, muchas veces no soy más que un virus que es mejor mantener contenido dentro de las páginas de su propio blog, aun no se ha descubierto una vacuna que libre a otros blogs de mi dañina presencia. Sólo recuerde, usted vino a mi, usted me invocó. Lo demoníaco adopta a veces la apariencia del bien o incluso lo llega a incorporar por completo. Naturalmente sucumbiré si permanece oculto para mí, pues ese bien es mucho más tentador que el verdadero. ¿Qué ocurre, sin embargo, si no permanece oculto para mí? Usted ha despertado al perro vengativo que castiga sin piedad a los tinacos vestidos de blanco.
PRONTO, MUY PRONTO EL BLOWER'S SON IRRUMPIRÁ CON SU CÁMARA EN EL AQUELARRE DE LENCHAS CALIENTES Y HOSTILES, LAS PEORES DE SU CLASE.
¡YA BASTAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!
Quiero las fotos de la marcha.
¿O ahora tu también te suicidaste , che copión?
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